Abuelo porteño

Miguel Abuelo (1946 – 1988) un gran emblema de nuestra música dejó un legado y SurBuenosAires te lo cuenta.

Miguel Ángel Peralta, conocido como Miguel Abuelo, nació el 21 de marzo de 1946 en la Ciudad de Buenos Aires, Argentina. Hijo de Virginia Peralta, una mujer del interior del país, Miguel nunca conoció a su padre y pasó los primeros años de su vida en circunstancias precarias. Su infancia transcurrió en un orfanato hasta los cinco años, cuando fue acogido por el director del establecimiento, quien lo llevó a vivir con su propia familia.

Desde joven, mostró un gran interés por la música y la poesía. Su camino en el mundo del arte comenzó a tomar forma cuando conoció a Pipo Lernoud, Mauricio Moris Birabent y Pajarito Zaguri en la Pensión Norte de Buenos Aires en 1966. Este fue un lugar crucial donde se gestaba el incipiente movimiento del rock argentino, siendo parte de un grupo de jóvenes bohemios que frecuentaban La Cueva, un bar-teatro en la calle Pueyrredón, donde se gestaron muchas de las primeras manifestaciones musicales del rock argentino.

En 1967, Miguel fundó Los Abuelos de la Nada, inspirado en una frase del libro de Leopoldo Marechal «El banquete de Severo Arcángelo»: «Padre de los piojos, abuelo de la nada». La banda, inicialmente formada junto a Pipo Lernoud, se convirtió en una de las precursoras del rock argentino de la época. Grabaron su primer sencillo, «Diana Divaga», en 1968 con colaboraciones notables como la de Claudio Gabis, futuro guitarrista de Manal, y Pappo. Sin embargo, Miguel abandonó la banda en 1969 debido a diferencias artísticas con Pappo, quien luego orientó el grupo hacia el blues.

En la década de 1970, Miguel se embarcó en una travesía por Europa, donde vivió en distintos países como Francia, España y especialmente en Ibiza, España. Durante esta etapa, formó diversas bandas y colaboró con músicos locales, explorando sonidos que iban desde el rock psicodélico hasta incursiones en el heavy metal. En 1973, con el apoyo del productor Moshé Naïm, formó la banda Miguel Abuelo & Nada en Francia, que grabó un álbum de sonido oscuro influenciado por el heavy metal y que fue lanzado solo en el mercado francés en 1975.

Durante su estancia en Ibiza, Miguel estableció amistad con otros músicos argentinos exiliados como Miguel Cantilo, Kubero Díaz y Cachorro López. Esta época en Europa fue tumultuosa y nómada para Miguel, quien vivía como buscavidas, moviéndose constantemente entre países europeos.

En 1981, Miguel regresó definitivamente a Argentina con la intención de revivir Los Abuelos de la Nada. Junto a Cachorro López y otros músicos como Andrés Calamaro, la banda experimentó un resurgimiento exitoso en la escena del rock argentino de los años 80. Producidos por Charly García, lanzaron su álbum homónimo en 1982, seguido de éxitos como «Sin Gamulán» y «No te enamores nunca de aquel marinero bengalí».

Los años siguientes fueron de consagración para Los Abuelos de la Nada, con álbumes exitosos como «Vasos y besos» (1983) y «Himno de mi corazón» (1984), donde canciones como «Mil horas» se convirtieron en himnos del rock argentino. Sin embargo, la banda enfrentó cambios constantes en su formación y tensiones internas que llevaron a su disolución en 1985.

Miguel continuó su carrera musical con diversas formaciones, incluyendo una nueva versión de Los Abuelos de la Nada que lanzó el álbum «Cosas mías» en 1986. A pesar de su éxito y reconocimiento, Miguel luchaba con problemas de salud, agravados por una infección que lo llevó a la muerte el 26 de marzo de 1988, a los 42 años de edad.

El legado de Miguel Abuelo perdura en la música argentina como uno de los pioneros del rock en el país. Su vida y obra han sido objeto de numerosos homenajes, como la plazoleta «Miguel Abuelo» en Buenos Aires y tributos de artistas como Andrés Calamaro y Ricardo Iorio, quienes han mantenido viva su memoria a través de sus propias interpretaciones y composiciones.

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