Ángel Vargas (1904 – 1959) un artista del sur , aquí te contamos su trayectoria.
José Ángel Lomio, conocido artísticamente como Ángel Vargas, nació el 22 de octubre de 1904 en el barrio de Barracas, de la Ciudad de Buenos Aires. Desde la década de 1930 comenzó su carrera como cantante en la orquesta de Augusto Pedro Berto, adoptando el seudónimo que lo llevó a la fama. En 1932, conoció a Ángel D’Agostino, y juntos realizaron algunas presentaciones.
En 1935, Vargas debutó en el disco con la orquesta de José Luis Padula, grabando para el sello Odeón. Luego, entre 1938 y 1939, participó en grabaciones con la Orquesta Típica Victor y lanzó un sencillo con guitarras que incluía canciones como «La bruja» y «Milongón».
El año 1940 marcó un hito en su carrera al unirse como vocalista principal a la orquesta de Ángel D’Agostino, con la cual grabó noventa y tres temas hasta 1946 para RCA Victor. Esta colaboración fue fundamental para el tango del siglo XX. Posteriormente, formó su propia orquesta, aunque no alcanzó el éxito de su período anterior, contando con músicos como Luis Stazo y José Libertella.
Ángel Vargas fue apodado «El ruiseñor de las calles porteñas» por su voz y estilo únicos. Entre sus tangos más emblemáticos se encuentran «Tres esquinas», «Cuartito azul», «Muchacho», «Agua florida», «Mano blanca» y el vals «Esquinas porteñas». A partir de 1947, inició una prolífica carrera como solista, colaborando con diversas orquestas como la de Eduardo Del Piano y luego la de Armando Lacava, con quien grabó cuarenta títulos hasta 1954. Continuó grabando con otros músicos destacados como el trío de Alejandro Scarpino y la orquesta de Edelmiro «Toto» D’Amario.
En los últimos años de su vida, Vargas realizó grabaciones con la orquesta de Luis Stazo y José Libertella, destacándose por su versatilidad y adaptabilidad a diferentes estilos musicales dentro del tango.
Trágicamente, Ángel Vargas falleció el 7 de julio de 1959, a los 54 años, debido a complicaciones surgidas tras una operación en la que se le extirpó un pulmón. Sus restos descansan en el cementerio de Olivos, dejando un legado imborrable en la historia del tango argentino.